Batalla campal diaria entre mineros y Guardia Civil

Foto: EFE

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Los municipios de las cuencas mineras conviven cada día con los cohetes, piedras y gomas que los mineros disparan contra los antidisturbios.

Ayer fue el turno de Ciñera, en León. Un grupo de mineros que, valiéndose del refugio de una esquina a mitad de calle, dispara cohetes artesanalmente preparados contra los antidisturbios, que se refugian tras sus escudos y disparan, a su vez, pelotas de goma.

Los mineros insisten en continuar su lucha en defensa del carbóncortando carreteras y vías de tren con barricadas de árboles, neumáticos y contenedores a los que prenden fuego. Luego defienden su «barrera llameante» hacinados tras ella con todo tipo de artefactos pirotécnicos diseñados por ellos mismos, que no dudan en lanzar contra los agentes que irrumpen en el terreno para intentar restablecer el orden.

Pero, cuando el episodio violento se traslada a las calles de la ciudad, el resultado es aun más grotesco. Máxime, si los agentes se ven obligados a utilizar también sus proyectiles. El resultado es una «batalla campal» que comienza a ser demasiado habitual en los municipios de las cuencas mineras.

El lunes fueron detenidos once mineros en Asturias por atacar a la Guardia Civil con cohetes. Varios vehículos oficiales de los agentes de la Benemérita sufrian graves destrozos por el impacto de las pelotas de golf que los huelguistas habían lanzado contra ellos. Pudo haber sido mucho más grave, si en lugar de los parabrisas de los coches oficiales hubiera sido una persona, como advirtió la Guardia Civil en nota de prensa.

El martes eran detenidos dos huelguistas más, esta vez en León. Uno de ellos, además, sufrióuna herida en la cabeza en el trascurso de «la batalla».

Mientras tanto, unos 160 de sus compañeros llegaban a Medina del Campo, en Castilla y León, en el duodécimo día de su particular «marcha negra» hacia Madrid. Allí se encontraron con los secretarios generales de UGT y CCOO, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, según informó Efe. El grupo de trabajadores que comenzó a andar en Asturias y Castilla y León llegó al municipio procedente de Tordesillas, tras un recorrido de 23 kilómetros.

Son ya 37 días de huelga. Los mismos de episodios violentos. Y los vecinos de los municipios que conviven cada día con el cruce de todo tipo de objetos voladores y los cortes de carretera a base de barreras de fuego están —en palabras del alcalde de uno de ellos recogidas por Efe— «muy crispados» por el peligro que supone vivir casi a diario con la violencia.

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