España a la Final

Foto: Reuters

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Durísimo partido para España, muy exigida por una gran Portugal a la que solo pudo vencer en los penaltis

España elimina a Portugal en los penaltis, tras 120 minutos de infarto, y el domingo puede convertirse en el primer equipo de la historia que gana dos Eurocopas y un Mundial consecutivos

Una semifinal de Eurocopa, que no es ninguna tontería. Un partido de verdad, sin monigotes ni muñecos de fiera. Una selección seria, bien colocada, con todo estudiado. Así salió Portugal. Todas las selecciones habían cambiado su rol ante España, dejaron de ser ellas mismas y en el camino hacia el rival en vez de buscar el suyo propio acabaron perdiendo el rumbo. Portugal no. Si lo demás no había valido, igual lo suyo sí. Tres delanteros, tres centrocampistas y todos juntos, pero hacia arriba, no hacia atrás, presionando la salida misma del balón, formando una barrera de coral que era complicado superar por vivacidad, coherencia, uniformidad y físico en todo el acordeón. 

Fue un planteamiento arriesgado porque cada vez que los de Del Bosque superaban la línea de presión Portugal estaba al borde del abismo, pero así salieron, jugándosela en cada balón. España fue una marcha abajo durante casi todo el partido, pero se mostró tranquila, serena, esperando lo de siempre, que ese desgaste en la presión acabase con el rival. No obstante, se sintió incómoda, sin poder entrar en contacto con el balón todo lo que requería su estilo. Pero a pesar de sentarle mal el traje del partido, la campeona fue ajustándose como podía. Sus centrales estuvieron atentos a los balones largos, premisa principal de los lusos en cada balón que rescataban. También Arbeloa estuvo valiente subiendo, a veces más de lo debido pero, sabedor de que Cristiano no baja a la mina, decidió probar.

Y Cristiano… Solo destellos, y todos para la galería. Estuvo desactivado, pero siempre amenazante. Como no se involucra en el juego colectivo apenas pudo conectar, y cuando conectó los españoles acudieron como moscas a la miel para entorpecerle.

El juego fue tenso cual cuerda de violín, muy tenso. Ambos equipos etaban al borde de la ruptura por el riesgo que corrían. España porque no es capaz de dar un paso atrás, ni quiere ni sabe. Portugal porque también iba arriba, en busca de la final. De los dos, España tuvo más ocasiones, una de Arbeloa y otra de Iniesta, ambas altas por un pelo. Portugal menos aún, un tiro raso de Cristiano y punto.

Y es que en ese juego tan táctico, con redes tendidas por ambos en la zona ancha, nada era fácil. Se encontraban pocos huecos, con tentáculos largos y enormes de todos los centrocampistas, sobre todo de los portugueses, que estuvieron más metidos en el partido, más intensos que los españoles, a los que se les notó la carga del torneo, con dos días menos de libranza en su quehacer. 

España esperó, sabedor de que ese ritmo frenético de los portugueses debía decaer antes o después. Un partido largo, crudo, de ida y vuelta, sin respiro para el corazón porque de todos Portugal era el equipo que más había entorpecido a la campeona, el que más igualaba la posesión y el que más creía en lo que hacía.

El partido pintaba feo para la campeona, pero muy feo porque no se conseguía salir de atrás con balón controlado. Sin balón, los equipos como España sufren porque no tienen físico para ganar los balones divididos y, por lo tanto, no había recuperación. Habría sido bueno meter dos o tres balones largos para atrasar la línea lusa, que le entrara miedo y que no presionara tanto, pero apenas se hizo.

En busca de soluciones

Del Bosque empezó a buscar soluciones porque el atasco de su equipo era preocupante. La ilusión de ver que funcionaba el plan alimentaba los pulmones portugueses, que no decaían. Entraron Cesc y Navas buscando abrir el campo, frenar las continuas subidas de Coentrao, fijar un poco la presión abajo y buscar más asociación entre los pequeños, que no funcionaba.

A pesar de eso, había una buena señal: Portugal creaba pocas ocasiones. Aplicados la mayoría en destruir, apenas les quedaba frescura para construir. Todo lo fiaban a alguna arrancada de Cristiano, pero CR no aparecía, o aparecía muy poco.

Allá sobre el minuto 20, España respiró. Se juntaron varios factores: Iniesta salió de la banda, Portugal bajó el pistón un mínimo, suficiente para que se empezara a tocar, y Navas abrió el juego para que ellos no se juntaran tanto. El partido estaba en un brete, el menor error costaba el partido y la eliminatoria, y cualquiera podía dar el espadazo definitivo.

No hubo ninguno. Solo los disparos de Cristiano en las pocas ocasiones que tuvo, siempre desviados. Nadie superaba a las zagas, crispados todos, jugándose la vida en vez de un partido. Aquello olía a prórroga y prórroga hubo. En la extensión Portugal no podía más. España lo tuvo entonces con un Pedro espectacular y un remate de Iniesta que Patricio sacó de milagro. En la prórroga fue donde España estuvo más cerca, pero falló sus ocasiones y en la ruleta de los penaltis Casillas estuvo inmenso, Ramos genial y Cesc decisivo. España llegó a la final con el gancho, pero llegó.

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