Más del 70% del electorado acude a votar en la segunda vuelta electoral de Francia

FRED DUFOUR (AFP)

elpais.es  —  Ricardo Martínez de Rituerto  / Ana Teruel

  • La cifra de asistencia a las urnas supera la de primera vuelta, pero es inferior a la de 2007
  • Nicolas Sarkozy reduce la ventaja del socialista François Hollande, según los últimos sondeos
  • ESPECIAL: Todo sobre las elecciones en Francia

Los 46 millones de franceses llamados hoy a las urnas acuden en masa pero sin entusiasmo a la cita electoral. A las cinco de la tarde, la participación se situaba casi dos puntos por encima de la registrada en la primera vuelta de hace dos semanas (71,96% frente al 70,59%), pero se queda a casi cuatro puntos de la que marcó el arranque electoral en los comicios de 2007 (75,11%). Si en primera vuelta tenían una decena de candidatos entre los que elegir a placer, los dos finalistas no consiguen hacerse querer entre los ciudadanos no comprometidos políticamente. “La izquierda no podrá hacer lo que promete”, dice un votante de Nicolas Sarkozy, mientras un seguidor de François Hollande vota por el socialista porque hay “que concederle el beneficio de la duda”.

Precisamente el candidato de los socialistas franceses, François Hollande, llegó acompañado de su compañera Valérie Trierweiler a su despacho electoral en Tulle, su bastión electoral en el suroeste de Francia, hacia las 10.30. Tiene previsto esperar los resultados acompañado por sus allegados en la sede del consejo general de Corrèze, que preside desde 2008, y sobre las 20.15 dará un primer discurso en la plaza de la Catedral de Tulle. En caso de victoria, pondrá rumbo a París donde se espera una celebración en la plaza de la Bastille.

Aproximadamente una hora y media después de Hollande llegó Sarkozy a su colegio electoral del distrito XVI de París, en el Liceo Jean de La Fontaine, acompañado también por su esposa, la primera dama Carla Bruni. El presidente saliente, que confía en un trasvase de los votos del Frente Nacional y del centro y en la movilización de los abstencionistas en la primera vuelta para dar esta noche la sorpresa, seguirá probablemente los resultados atentamente desde el mismo Elíseo. Con las primeras estimaciones oficiales, se trasladará al cuartel general del partido en la sala parisiense de la Mutualité, donde pronunciará sus primeras palabras. En caso de resultar reelegido, la fiesta será en la plaza de la Concordia, donde ya celebró su victoria en 2007 y donde dio este martes su último mitin parisiense.

“He votado a Hollande porque no quiero volver a comerme cinco años de Sarkozy, quiero que se marche, él y su pandilla que apesta a dinero y que no es representativa de lo que somos”, explica con vehemencia Frédéric, un actor de 35 años, a la salida de un colegio electoral del popular distrito XIX de París, en el norte de la capital, tradicionalmente de izquierda. De Hollande, espera una presidencia “más simple”, que el mandatario “limite los daños, salga adelante sin imponer la austeridad” y que garantice la “equidad”. Pronostica una victoria cómoda para el socialista –“ganará con el 53 o 54% de los votos, ya veréis”, dice-, pero no irá a celebrarlo en Bastilla. “Esto no va a ser como cuando Mitterrand, de fiesta general, pase lo que pase el final de 2012 va a ser muy duro, no hay nada que festejar”.

Menos claro lo tiene Francesca, una empleada de una aseguradora de 50 años, en el mismo despacho, que también se ha decantado por Hollande. “Espero que gane, pero no estoy muy segura, puede pasar cualquier cosa si los votantes del Frente Nacional apoyan en masa a Sarkozy”, aventura en esta mañana gris parisina. “No tenía muy claro votar por Hollande al principio, me parecía un poco blando, pero a medida que ha pasado el tiempo y que ha avanzado sus ideas me ha ido convenciendo”, dice.

Evelyne, una señora mayor muy bien arreglada que no contesta a las preguntas “indiscretas”, sin querer pronunciar el nombre de Sarkozy se explaya sin problema para explicar “que hay que mantener al que ya está en el puesto y conoce los asuntos, porque el otro jamás ha dirigido nada”. “No hace falta un cambio, el momento es importante y hay que votar por el interés de Francia”, prosigue Evelyne.

Las opiniones de los electores han sido pulsadas también esta mañana a la salida de un colegio en el distrito XV de París, en torno a la torre de Montparnasse, donde en la primera vuelta Sarkozy obtuvo el 40% de los sufragios frente al 30% de Hollande.

“Yo he votado por Sarkozy, porque no lo ha hecho del todo mal, aunque lo cierto es que no hay grandes diferencias entre izquierda y derecha dado que las reglas de juego las impone la UE”, dice Ambroise, un joven contable. “El presidente puede tener una personalidad desagradable, pero es un buen gestor”, prosigue, antes de comentar sobre el pronóstico de los sondeos, que favorecen al candidato socialista. “Yo no voy a llorar si gana Hollande”.

Por Hollande ha votado Lydie, una treintañera que se dice “de cultura de izquierda”. “He votado por él, pero no convencida. Le falta experiencia. Esperemos que se rodee de gente capaz”. La mujer tiene una visión crítica de Francia, “una vieja señora que teme el cambio. Somos muy quejicas. Llevamos 30 años de retraso. Hacen falta soluciones para el futuro que Sarkozy también podría proponer”. Lo que Lydie quiere, “gane Hollande o gane Sarkozy es que se recupere la moral de trabajo en este país”. Ella trabaja en una empresa del sector de la comunicación y se encuentra con que pese a que “necesitamos contratar personal, la gente joven no quiere trabajar”.

Lydie cree que Francia debe ser más rigurosa con la inmigración, “controlarla con más seriedad, pero teniendo en cuenta que los inmigrante aportan riqueza”.

David es uno de esos inmigrantes, un antiguo exiliado iraní que acaba de nacionalizarse francés y que vota por primera vez en las presidenciales. “He votado por Hollande porque se me hace imposible votar por Sarkozy, que ha desarrollado políticas a favor de los ricos y que con respecto a los extranjeros se ha precipitado en la demagogia y el populismo”. El franco iraní dice que “en realidad no hay mucha diferencia entre los presidentes” y recuerda “con gran decepción” los 14 años de François Mitterand en el Elíseo. Pero Sarkozy es superior a sus fuerzas, insufrible. “A Hollande le concedo el beneficio de la duda; se puede esperar que sea bueno, pero Sarkozy es malo”.

Annie y Thomas son una joven pareja que hace mes y medio se estrenaron como padres. Son el futuro de Francia y en la primera vuelta votaron por el centrista François Bayrou, que el viernes anunció con gran fanfarria mediática que hoy votaría por Hollande. Ellos se han inclinado “por Sarkozy, aunque con grandes dudas sobre si votar en blanco: su campaña ha sido lamentable”. Thomas trabaja en el mundo de la economía y ve en el programa de Sarkozy “cargas financieras suplementarias que dan miedo y un crecimiento basado en las finanzas públicas”.

Sarkozy le parece a esta pareja un gestor serio y capaz, que en sus cinco años en el Elíseo ha pecado de nepotismo, de favorecer a los amigos y de hacer regalos fiscales a los ricos. “Me gusta Hollande en lo personal, pero no puedo votar por el bloque de izquierda que se formará a su alrededor”, dice Thomas, mientras Annie cree que con Sarkozy en el Elíseo se pondrá una barrera a los planes de la izquierda “a favor del matrimonio homosexual y de ampliar los supuestos en que se puede abortar, en lo que ya hemos ido demasiado lejos”. “La verdad es que hemos votado sin entusiasmo y si gana Hollande… la vida sigue”, resume Thomas.

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