La crisis arrasa a las empresas del sector del comercio de Castilla y León

ical

La crisis se ha llevado por delante en tres años más de 3.300 empresas del sector del comercio de Castilla y León. Basta dar un paseo por cualquier ciudad para encontrar decenas de tiendas cerradas o en proceso de liquidación y a muchos empleados de las que permanecen abiertas esperando tras el mostrador a que entre algún cliente.

Detrás de las frías cifras se esconden las historias de personas con nombres y apellidos, que afrontan como pueden un futuro incierto sin un trabajo al que agarrarse, cada uno con sus propios temores, preocupaciones y esperanzas. Cinco dueños y empleados de pequeños comercios de la Comunidad que cerrarán sus puertas en los próximos meses relatan a la agencia Ical cómo viven esta situación de incertidumbre.

En la calle San Mamés de León, la tienda de ropa de hogar y de vestir Rufino Díaz, abierta desde hace tres años, también se vio obligada a cerrar. Se trata de una tienda familiar, pero en la que de forma habitual sólo está una empleada contratada. La trabajadora asegura que “la situación es mala, se está vendiendo mucho menos que antes y las ganancias ya no dan para cubrir los gastos de la tienda”, por eso, los dueños se han visto “obligados a cerrar”.

Señala que “están planteándose cambiar el negocio de local” para instalarse en “uno más pequeño” y poder reducir “los gastos del alquiler”. Si es así, confía en que “a lo mejor se pueda solucionar el problema”, aunque no hay nada seguro. Por el momento, sólo le queda esperar porque “las cosas están muy mal” y “la crisis está obligando al cierre de este y de otros muchos negocios que antes iban bien”, concluye.

Salamanca

Félix Corredera aún está en estado de ‘shock’. A finales de enero los jefes de la tienda de Salamanca en la que trabaja, Deportes Libertad, le comunicaron que no les quedaba otro remedio que cerrar las puertas de un comercio que se inauguró hace seis años y que ha ido languideciendo hasta llegar a la situación actual.

A pesar del impacto de la noticia, reconoce que la veía venir. La tienda ubicada en la avenida de Portugal, una de las más transitadas de la ciudad, comenzó con cuatro trabajadores y dos plantas repletas de artículos y, con el paso del tiempo, el espacio comercial se redujo y también la plantilla “porque la cosa ha bajado mucho, no se vende y no se llega”. En la última época, Félix era el único empleado y temía que, al final, le dieran la mala noticia.

Casado y con dos hijos, en unas semanas se verá en el paro. Explica que aún no ha empezado a buscar trabajo y sabe que no va a ser fácil encontrar algo. “Está complicado porque no tengo estudios y llevo toda la vida de cara al público”, se lamenta, aunque comenta que al menos su mujer trabaja en una gran superficie comercial que “aparentemente es más estable, pero nunca se sabe”.

Pese a todo no pierde la sonrisa y, aunque la procesión va por dentro, confía en el futuro. Cree que podría trabajar como comerciante ante cualquier tipo de clientela y que sólo necesita encontrar al empresario que vea esas virtudes. De no ocurrir, ironiza, “malo será que no haya para un plato de lentejas y, si no, alquilo una parcela y cultivo frutas y verduras”, añade con humor.

Valladolid

Con una mezcla similar de preocupación y optimismo afronta el futuro Quique Castaño, con un hijo de dos años y otro de camino, que cerró el pasado 29 de febrero su pequeña tienda de complementos de alta calidad, Con S Lunar, situada en la céntrica plaza del Ochavo de Valladolid. “Cerramos porque está la cosa como está y más para una tienda como la nuestra, donde vendemos entre comillas productos de lujo; a nadie le hace falta un anillo, un pendiente o un collar, y con la crisis la gente no se gasta un duro”, explica.

Quique comenta que su mujer y él pusieron en marcha este negocio hace “tres años y tres meses, cuando ya empezaba la crisis”, pero que no esperaban que fuera “cada vez peor”. “Yo ya no aguanto más aquí, no merece la pena seguir abiertos porque tenemos unos gastos fijos de 1.600 euros al mes y para sacar 600 euros no estoy metido en la tienda diez horas diarias”, señala.

Eso sí, ya tiene en marcha varias alternativas, como la venta al por mayor de los mismos complementos que ahora está liquidando en su establecimiento, de la que ya se ocupaba desde hace tiempo, y un nuevo proyecto para empezar a vender por internet a través de su propia web, que afronta con moderado optimismo. “Y si cambia la cosa, igual volvemos a abrir otra tienda”, concluye.

Jubilaciones forzosas

Tras 22 años al frente de su negocio, María Jesús Montequi ha descubierto la cara más amarga de la crisis. Su tienda, situada en el centro de Palencia desde hace 60 años, cuando fue abierta por su suegra, prevé cerrar sus puertas una vez se liquiden todas las existencias a las que, pese a los grandes descuentos, “es muy difícil dar salida”.

La mala situación económica le ha obligado a adelantar su jubilación pues, pese a este año cumple la edad para jubilarse, esta opción no entraba en sus planes. “Me encanta mi trabajo y me encantaría seguir en el comercio, pero la situación es insostenible”, lamenta. Y es que “desde hace años se va viendo cómo van bajando los ingresos y cuando van un poco mejor suben los impuestos, así que las cuentas nunca cuadran”, asegura. La situación es, en general, “muy complicada” porque “hay una falta de consumo impresionante”. “Hay mucho paro y la gente tiene miedo”, añade.

Montequi estuvo ocho años al frente de la Federación de Comerciantes Palentinos (Fecopa) por lo que es buena conocedora de la situación del sector y ha sido testigo directo del goteo de cierres de tiendas en la capital que ahora ha llegado a la suya, una de las más antiguas de Palencia.

Un cartel de ‘Liquidación por jubilación’ centra las miradas de quienes se fijan en el escaparate de la tienda de ropa Modas Mayte. Ubicada en pleno centro de Burgos y con 26 años de andadura, dejará de vender el 30 de abril cuando al cartel de liquidación le suceda otro de cierre.

Ascensión se afanaba los últimos días por vender las prendas de primavera que aún les quedaban. Lleva diez años al frente del local y no sabe qué hará a partir de ahora. Consciente de que es la crisis y no la jubilación la que ha hecho que su jefa decida cerrar el negocio, confiesa que de no haber habido “tantas pérdidas” la cosa “podría haber funcionado”.

“Modas Mayte es un negocio muy específico con una clientela fija”, explica Ascensión, quien comenta que sus clientas son mujeres con una edad media de entre 40 y 50 años, por lo que estima que “muchas de ellas se quedarán sin una tienda en la que comprar”. De cara al futuro y pese a la que se le viene encima a sus 59 años, confía en poder encontrar algo porque también empezó a trabajar en este establecimiento con 50 años.

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