Prisión para un ex director de Caja España por estafar 223.740 euros a tres ancianos

Foto: Jesus

diariodeleon.es

La Audiencia condena a Belarmino de la Fuente a tres años y seis meses de cárcel y a devolver el dinero.

Seis años apropiándose de los ahorros de un matrimonio de ancianos y el hermano de uno de ellos —vecinos de Torneros de la Valdería— le han costado al ex director de la sucursal de Caja España en Castrocontrigo, Belarmino de la Fuente Cela, una condena de tres años y seis meses de prisión, nueve meses de multa con una cuota diaria de 10 euros y una indemnización a los perjudicados de 223.740 euros por un delito continuado de estafa. Además, De la Fuente Cela debe satisfacer las costas procesales, incluidas las causadas por la acusación particular.

La Sección Tercera de la Audiencia Provincial dictó sentencia contra el ex empleado de la entidad financiera el 30 de marzo y cabe recurso de casación ante el Tribunal Supremo por parte del condenado y de Caja España, como responsable civil subsidiaria. El abogado de los perjudicados, Juan Carlos Fernández González, aseguró ayer que solicitará la ejecución provisional de la sentencia —según está previsto en la ley y hasta que resuelva el Supremo como instancia de casación—, de manera que sus clientes recuperen los 223.740 euros en los que el fallo judicial estipula la cantidad estafada.

«Una vida austera»

La investigación del caso se inició con las sospechas que levantaron en una empleada de la sucursal «el elevado nivel de disposiciones» que realizaban los estafados por su edad y condición física, Rafael Méndez de Luis, que es sordo, y Luzdivina Castaño Ferreras tienen 88 años y Tomás Castaño Ferreras, ciego desde hace un buen número de años, 81, así como porque «llevaban una vida sumamente austera y modesta». Fue entonces cuando la confianza que habían depositado en Belarmino de la Fuente, que tenía las cartillas de ahorro en su poder, se vino abajo. Los ancianos pensaban que el director de la sucursal llevaba a su domicilio todos los meses 300 euros que Tomás Castaño aportaba a la economía familiar y no pensaron hasta entonces que el empleado «cubría con la cantidad que estimaba oportuno» los recibos de reintegro o «modificaba el importe de los reintegros […] haciendo figurar una suma distinta y superior a la realmente entregada».

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