Federer añade un nuevo título a su colección

Fuente: abc.es

Roger Federer, a sus treinta años, ha resucitado tantas veces como han intentado matarle. La última, tras

 caerse del triunvirato del ránking de la ATP merced a la racha triunfal de Andy Murray, que con su victoria en el Masters de Shangai arrebató el tercer puesto al suizo.

Pero su ausencia puede ser corta: un Federer incontestable, que con su magnífico juego en París acalla a los agoreros, ha derrotado con comodidad a Jo-Wilfried Tsonga en la final del Masters 1.000 de París-Bercy: 6-1 y 7-6 (3) en menos de hora y media. Este nuevo triunfo, el tercer torneo que atesora esta temporada —tras Doha y Basilea— y el de mayor categoría. El millar de puntos que se lleva le dejarán a unos 700 del escocés, y si hace un buen papel en la copa de maestros de Londres puede recortar aún más la distancia, e incluso le arrebataría el puesto si terminase como vencedor imbatido.

El suizo ha comenzado con un traspié: un 15-40 en el primer juego con él al servicio. Un destello de esperanza para Tsonga, que ha visto cómo inmediatamente después su contendiente le remontaba el juego y le rompía su servicio en el siguiente.

El francés, que jugaba en casa y con apoyo masivo del público, ha dejado escapar su segundo servicio con doble falta incluida. Ha sido el primero de sus regalos para Federer, que se ha limitado a continuar la inercia conservando con solvencia sus servicios, dominando el juego en profundidad y forzando los fallos de su rival en los intercambios.

En el segundo set, el suizo ha levantado el pie del acelerador. La liza se ha mostrado más justa, e incluso Tsonga ha tenido oportunidades de inclinar el partido a su favor. Pero los nervios, la precipitación en los intercambios largos y la rigidez en el revés se han revelado como sus principales carencias. A cambio, el francés ha mejorado la contundencia de sus servicios y ha intentado subidas a la red. Pero los «passing shots» y las voleas que le dieron ayer la victoria contra Isner no han aparecido frente a un oponente mucho más eficaz en las bolas cortas.

Federer ha jugado la segunda manga casi sin despeinarse. Hasta que en juego del 4-4, Tsonga ha tenido el break a milímetros. Un potente «drive» del francés que ha botado en la línea de fondo y el público ya daba por bueno casi cambia de signo la liza. Pero el ojo de halcón le ha retirado la razón y ha despertado al gigante helvético.

Federer ha cambiado de raqueta y, un juego después, ha dado el golpe del partido. Tras varios intercambios con Tsonga al servicio, el francés intentaba un «passing shot» que no obstante se le quedaba a medio gas. Federer ha tenido tiempo de correr a por la bola de espaldas a la red, darse la vuelta y propinar un certero revés que ha dejado al local en el sitio y por poco le sirve para romperle el servicio.

Aunque el suizo haya tenido finalmente que esperar al tie-break para doblegar a Tsonga, ese revés ponía las cosas en su sitio y terminaba de descolocar al francés. Llegado al desempate, Federer ha encadenado cinco puntos seguidos con dos mini-breaks que han encarrillado rápidamente su victoria final. El tenista culminaba así con éxito la única final de Masters 1.000 que hasta hoy le faltaba por jugar, y se llevaba a casa un nuevo trofeo para sus estanterías.

Solo le falta triunfar en Montercarlo y Roma —en el primero ha perdido tres finales frente a Rafa Nadal, en el segundo una ante el mallorquín y otra contra Félix Mantilla— para ganarlos todos. Una proeza que, de momento, no ha logrado ningún tenista. El que más cerca estuvo fue André Agassi, que disputó todas las finales —algo que el suizo ha igualado ya— pero se le escaparon Madrid y Montecarlo.

En cuanto a Tsonga, aunque le ha faltado poner la guinda a un extraordinario torneo y revalidar su victoria de 2008, se lleva el sexto puesto de la ATP, lo que le asegura un puesto en el ATP World Tour Finals de Londres, el colofón final de la temporada, que arrancará el domingo que viene.

Su cuenta de partidos contra el suizo queda con un 3-6 en su contra. Ha sido testigo directo de la nueva resurrección de un Federer —con esta final encadena su décima victoria consecutiva desde su vuelta a las canchas— al que llegó a doblegar en Wimbledon y Montreal, pero que le hizo morder el polvo en el Abierto de Estados Unidos, hasta hoy su último choque. El francés aún tiene que ensayar para imitar el temple de campeón tranquilo que despliega el mejor Federer.

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